Dónde dejarse el dinero en una reforma

La experiencia me dice que rara vez alguien que emprende una reforma en su casa lo hace con el propósito de mejorar la eficiencia energética  o mejorar el confort y reducir costes en calefacción. Casi siempre las reformas se emprenden para mejorar estéticamente la casa, o para renovar su imagen o el funcionamiento de las instalaciones del baño o la cocina. Se nos quedan viejunos esos acabados y necesitamos un lavado de cara que nos haga ver nuestra casa de una forma más parecida a lo que vemos en la tele o las revistas, o sencillamente nuestra casa nos pide a gritos una modernización. También hay moda en la estética de nuestros hogares.

Sin embargo no se suele conceder importancia al confort térmico o acústico, ni a los gastos de la calefacción (o de aire acondicionado). Nos hemos acostumbrado a subir el termostato y pagar las facturas y no nos planteamos que esos gastos se pueden reducir. Bueno, quizás ahora con las subidas tan drásticas de la electricidad que estamos viviendo empecemos a entender que es mejor reducir el consumo y ahorrar kilovatios hora y dinero. Paro claro, para beneficiarnos de esos ahorros primero hay que hacer una inversión.

El momento de invertir en eficiencia energética es cuando nos ponemos a renovar nuestra casa. Aprovechar que queremos renovar la cocina o la distribución de la vivienda o el baño, es la ocasión para introducir medidas de mejora: aislamiento térmico/acústico, sustitución de las ventanas, etc.

También puede ser el momento cuando debamos realizar una reparación en la “envolvente”. ¿Qué es la “envolvente”? Pues las fachadas, la cubierta (el tejado) y el suelo del edificio; lo que separa el interior del exterior. Por ejemplo, las cubiertas con cierta edad pueden presentar goteras o humedades y el momento de la reparación es el mejor para introducir aislamiento térmico.

Una vez metidos en obras la inversión correspondiente al ahorro energético lo podemos asumir mejor, con cierta planificación y previsión. Algunas de las medidas son más caras que otras: por ejemplo, el aislamiento térmico no sube mucho los costes de obra, pero la sustitución de ventanas sí puede ser una cifra más importante. Aunque siempre se puede planificar la obra por fases para poder ir afrontando los gastos a lo largo del tiempo, mientras nos vamos beneficiando ya de algunos ahorros.

En cualquier caso siempre es aconsejable abordar la reforma mediante un proyecto para poder tener control sobre las actuaciones que queremos o necesitamos hacer, los gastos y las posibles fases de realización de las obras, estableciendo los límites en los que nos queremos mover. Tener una visión previa de las obras evita desvíos importantes en el presupuesto, aunque en las obras de reforma es casi inevitable que surjan imprevistos, pues el derribo de tabiques, levantado de instalaciones y otras actuaciones de demolición, sacan a la luz con frecuencia cuestiones ocultas tras los ladrillos que implican gastos.

Además desde la fase de proyecto podemos planificar con más precisión qué medidas de ahorro energético son más aconsejables en nuestro caso en concreto, cuáles nos traerán más ahorros y en qué orden es más sensato llevarlas a cabo. Para ello habrá que hacer un estudio del comportamiento energético de nuestra vivienda. Este puede ser más superficial o más detallado, según los objetivos que tengamos, pero cualquiera de ellos será mejor que no hacer ninguno.

Realmente no introducir medidas de mejora energética cuando acometemos una reforma es una oportunidad perdida para vivir con mayor confort y menos gastos.

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