En general las obras tienden a complicarse, sobre todo cuando no son de nueva planta, sino que se interviene sobre una edificación existente, bien por reforma, rehabilitación o ampliación. Pero algunas en concreto, “dan guerra” desde la fase de solicitud de licencia y sólo la buena voluntad por parte de técnicos, constructora y propiedad, es capaz de llevar a buen puerto el proceso y que todo quede finalmente en una sucesión de anécdotas. En este caso, se trataba de una ampliación de una vivienda unifamiliar ubicada en un municipio ya consolidado.
Una ampliación es, a todos los efectos, una obra nueva, pero con el añadido de adosarse a una edificación que ya existe. Implica un aumento en la edificabilidad y la ocupación de la parcela y, por lo tanto, hay que vigilar que lo diseñado quede dentro de lo legalmente permitido. Todo ello se debe incluir en un proyecto “con todos los sacramentos” para solicitar licencia de obra mayor, por pequeña que sea la ampliación. Esta vivienda contaba con una parcela bastante grande, por lo que, por la normativa vigente, sí era factible a priori sumar unos pocos metros cuadrados que se querían ampliar en planta baja únicamente, para dotar la casa de un pequeño salón que la propiedad necesitaba.
Al solicitar la licencia “afloraron” ampliaciones que se habían llevado a cabo en tiempos remotos, de las que la propiedad desconocía que se hubieran hecho sin la preceptiva licencia, pero que al ayuntamiento no le constaban, por lo que surgió el primer escollo: como aquellas ampliaciones eran de mucho tiempo atrás, el “crimen” urbanístico había prescrito y el ayuntamiento no podía imponer sanciones, pero sí podía denegar la licencia que se estaba solicitando. Consecuencia: hubo que realizar un trabajo minucioso (y pagar las correspondientes tasas de legalización) para regularizar la situación y demostrar que, no obstante, la edificabilidad y la ocupación con la nueva ampliación continuaban por debajo de los límites permitidos. ¡Primer escollo, salvado! ¡A por el segundo!
El segundo surgió casi de forma inmediata. La licencia de obra de ampliación estaba supeditada a que se dotara de 5 plazas de garaje la vivienda en cuestión, fruto de las ampliaciones legalizadas más la solicitada. La normativa vigente obligaba a esa dotación al aumentar la superficie edificada. Pero el problema era que físicamente no había posibilidad de integrar esas plazas. Para solucionarlo, hubo que justificar detalladamente a los técnicos municipales que por la propia geometría de la parcela y sus desniveles, no era viable más que la dotación de una única plaza de aparcamiento. Bien argumentado y con unos planos con sus cotas, era evidente que no se trataba de una cuestión simplemente económica (que el ayuntamiento no admite), sino de una realidad incontestable, así que ¡segundo escollo superado!
El tercer escollo fue de carácter más técnico. El ayuntamiento exigía un estudio geotécnico para conocer el comportamiento del suelo donde se iba a implantar la ampliación. Ese es el camino habitual: el estudio geotécnico analiza el terreno y a partir de ahí se diseña y dimensiona la cimentación. Pero este caso era un poco diferente a la norma: no se iba a asentar la ampliación sobre terreno natural, sino sobre el suelo del patio de la casa, que estaba solado con baldosa. De nuevo, para superar este requerimiento hubo que justificar que el patio contaba con una solera sobredimensionada (se hizo mucho tiempo atrás, sin un proyecto, sino “a la antigua usanza”) de más de 40cm de hormigón y se iba a utilizar un sistema muy particular de estructura (light gauge steel framing) que repartía en una gran cantidad de puntos los apoyos de la ampliación sobre el suelo, por lo tanto cada apoyo realmente estaba cargando y transmitiendo muy poco peso (además era una sola planta lo que se iba a construir) por lo que el peso total quedaba muy repartido sobre aquella solera, que hizo las veces de cimentación. Una vez más la justificación ante el ayuntamiento convenció a sus técnicos y se admitió la propuesta al completo. Hasta ellos aportaron una buena disposición al aceptar sin prejuicios las justificaciones que se presentaron.
Después de aquella carrera de obstáculos antes, si quiera, de empezar las obras, hizo que lo que vino después fuera ya el pan nuestro de cada obra y los pequeños problemas que surgían se solventaron sin mayores dificultades, incluso una pequeña filtración de agua una vez finalizadas las obras, que costó encontrar su origen, pero que a fuerza de voluntad por parte de todos los agentes, se consiguió encontrar la causa y subsanarla.
Desde aquí agradezco a la constructora (galvanalisis) y a la propiedad su talante dialogante, positivo y cordial durante todo el proceso. Pocas veces se encuentra una con tan buena gente en el camino.